La envidia: qué es y cómo gestionarla

envidia

En muchos contextos, la envidia es uno de los problemas que impiden que se avance en el día a día para la mayoría de las personas. Aquí te explico qué es y cómo gestionarla para evitar problemas.

Qué es la envidia

La envidia es un sentimiento de los seres humanos, derivados de las distintas emociones básicas. Básicamente, es la sensación de tristeza o pesar por el bien de los demás.

Las envidias pueden ser de muchos tipos, en función de la intencionalidad: sana o destructiva. Todos la sentimos alguna vez, en mayor o menor medida, pero lo importante es comprobar qué hacemos con ese sentimiento. Algunas personas lo utilizan para lograr sus objetivos y mejorar o superarse, mientras que otras lo utilizan de forma destructiva para autojustificarse o para señalar a la persona afortunada como chivo expiatorio.

Precisamente, porque existen estas dos vertientes de las envidias, es bueno gestionarla correctamente. Dicen que Dios escribe recto con renglones torcidos, y sí es verdad, siempre que actuemos con inteligencia.

Cómo gestionar la envidia para que no nos dañe

La mala noticia es que este sentimiento no se puede controlar siempre, ni siquiera cuando parte de nosotros. Pero identificarlo correctamente sí es un primer paso interesante. Veamos caso por caso:

1. Envidia externa a nosotr@s

Cuando alguien desde fuera nos envidia, es importante identificar la base. ¿Por qué? Porque corremos el riesgo de sufrir problemas derivados del desconocimiento y eso no nos conviene. Puede ser, y esto no es menor, que alguien que nos envidie nos intente hacer difíciles las cosas, sobre todo si coincidimos con ella en el trabajo o en los estudios.

Si hablamos de las relaciones personales, también es bueno ubicar exactamente dónde está esta envidia. Porque uno de los problemas asociados es la falsedad, a veces no tan fácil de manejar. Evitar patrones de relación tóxicos en nuestras vidas es fundamental, poniendo límites.

2. Cuando envidiamos a alguien

En este caso, tenemos algo más de margen de control si reconocemos el sentimiento (eso, para empezar). A partir de ahí, podemos ver si las envidias tienen un sentido para nosotros y, sobre todo, qué espejo generan.

Es posible, por ejemplo, que envidiemos a alguien porque se maneja con una seguridad que nosotros no tenemos. Bien, si esto sucede así, ha llegado el momento de confrontarnos y de trabajar para ver cómo podemos mejorar esta cuestión. Y, si no es posible, entender que no es culpa de la otra persona. Esto no significa que tengamos que ser sus amigos (hay personas muy seguras de sí mismas que son cretinas), pero sí, como mínimo, entender qué nos gatilla.

Y si el sentimiento viene porque consideramos que esa persona no se lo merece, debemos asumir que la vida no es necesariamente justa. No significa respetar a la otra parte, pero sí hacer lo posible para que no nos afecte y construir nuestra propia senda.

Evita que las envidias te condicionen

La envidia puede ser incapacitante si es permanente y no permite que hagamos nuestra vida normal. ¿Sueles sentirla a menudo? Te puedo ayudar para que este sentimiento, natural, no te impida lograr tus objetivos. ¡Contáctame y hablamos!